Dr. Steven Rose: “¿Ciencia para la opresión o ciencia para la liberación?”

Sesión general.

¿Ciencia para la opresión o ciencia para la liberación?
Steven Rose

Para el encuentro zapatista ConCiencias, Enero, 2017

Queridos amigos, hermanos y hermanas en lucha.

Primero quisiera felicitar al EZLN por organizar este importante encuentro, agradecerles por la invitación para estar con ustedes y disculparme pues la edad y mi salud no me permiten viajar. Por eso tuve que conectarme con ustedes a través de esta participación escrita –un pobre sustituto de la enriquecedora experiencia que viene de las reuniones reales, no cibernéticas.

Quizá ayude si primero explico quién soy. Yo soy un biólogo, un neurocientífico que investiga los mecanismos cerebrales que subyacen al aprendizaje y la memoria. Por muchos años he sido profesor en la Universidad Abierta Británica, una universidad que recibe estudiantes sin necesidad de un exámen de admisión, enseñando a distancia, mediante textos, por radio, por televisión y por computadora. Junto con otros científicos activamente involucrado, tanto escribiendo como con trabajo práctico, ayudando a formar el colectivo “Ciencia para el pueblo”.

Desde mi niñez yo quería ser un científico para poder comprender el mundo. Y también quería ayudar a hacer un mundo mejor, a través de la acción política. Pero mi ciencia y mi política eran dos partes separadas de mi vida. Yo no entendía como interactuaban esas partes de mi vida, pues seguramente la ciencia, en tanto que búsqueda imparcial del conocimiento acerca del mundo material, estaba del lado del progreso, del lado de la liberación. Así que de joven seguramente habría estado de acuerdo con la afirmación del manifiesto que convocó a este encuentro, que “las ciencias y las artes son quienes rescatan lo mejor de la humanidad” y que “representan la única oportunidad seria para la construcción de un mundo más justo y racional”.

Por supuesto que los avances en el conocimiento del mundo de las últimas décadas, desde los detalles más íntimos de la estructura de los átomos, pasando por la secuenciación del genoma humano y las ventanas al interior del cerebro vivo que abren las imágenes de resonancia magnética, hasta el estudio de los rincones más remotos del universo, son extraordinarios, son maravillas mucho más grandes que las que ofrecen la múltiples religiones de la humanidad. Y entonces parece que no hay límite a lo que, siempre que se le de el dinero suficiente, la ciencia puede alcanzar.

Pero ahora reconozco que el optimismo de mi juventud era ingenuo. Las cosas son mucho más complicadas. La ciencia no es una búsqueda neutral de una vedad objetiva por fuera de la sociedad en la que vivimos. Tampoco está inevitablemente del el lado del progreso, ni del lado dela gente. La investigación que hacemos, las preguntas que nos hacemos sobre el mundo material que estudiamos, las respuestas que nos parecen correctas, todo esto es moldeado pro la sociedad. Y al mismo tiempo la ciencia y la tecnología que producimos moldea a la sociedad. De hecho, hoy en día ciencia y tecnología no pueden ser separadas; es mejor comprenderlas como algo fusionado, la tecnociencia. Entre los sociólogos de la ciencias, esta interacción dialéctica de tecnociencia y sociedad es denominada co-producción.

En las naciones industrializadas o desarrolladas, la proporción del Producto Nacional Bruto destinada a las ciencias –esto es a investigación y desarrollo- va del 1.5 al 3%. Hasta la mitad de este gasto es hecho por los militares: nuevos sistemas de armas, bombas más “inteligentes”, blindaje personal para los soldados y mejores prótesis para aquéllos que regresan heridos en cuerpo y mente; medios de vigilancia más efectivos: desde drones y cámaras de circuito cerrado de televisión en miniatura, hasta la ‘vigilancia interna’ a través de los registros de ADN y los escaneos cerebrales, diseñados para las nuevas guerras asimétricas ya no entre Estados, sino guerras de los poderes imperiales tecnológicamente avanzados contra los levantamientos populares.

Una buena porción del restante gasto en tecnociencia va hacia las nuevas tecnologías –tecnologías de la información, nanotecnología, biotecnología. Para éstas, la investigación es moldeada por la búsqueda de ganancias –ganancias alcanzadas en parte mediante la manufactura de nuevos deseos; no solamente el deseo por el Smart phone del año pasado, sino el nuevo Smart phone mejorado de este año; el deseo de que el internet de las cosas monitoree desde lejos el contenido tu refrigerador; el deseo de los autos sin conductor, el deseo de tener niños genéticamente ‘perfectos’ mediante la ingeniería, el deseo de monitorear constantemente tu estado de salud y tus patrones de sueño, el deseo de posponer el envejecimiento o incluso el deseo de la cuasi-inmortalidad. Deseos que son priorizados en el gasto en tecnociencia por encima del deseo de aliviar la pobreza de las masas, del deseo de tener agua limpia, de condiciones de sanidad, de energía no contaminante.

Vivimos -y no necesito recordárselo a esta audiencia- en un mundo de capitalismo globalizado, cuya ideología dominante es el neoliberalismo. En este mundo, los científicos se vuelven empresarios, asesores del gobierno y del ejército, accionistas o directores de empresas de nueva creación, o se dedican a competir por la prioridad en el financiamiento. Ya no son, si es que lo fueron, perseguidores desinteresados ​​de la verdad, y menos aún están alineados automáticamente con las fuerzas de la liberación. Más aún, de acuerdo con esta ideología, la tarea de las ciencias es vista no sólo como la de comprender del mundo material, sino como la de dominarlo y transformarlo, la de controlar, mas que tratar de vivir de manera armoniosa con la naturaleza.

Pero la ciencia no se trata solamente de la producción de cosas; se trata de la producción de ideas; ideas acerca de cómo entendemos el mundo y de cómo no entendemos dentro de él. En una sociedad dividida en clases, racista y sexista, surgen teorías científicas que afirman “probar” la superioridad de los blancos sobre los negros, la inevitabilidad del patriarcado o bien que los ricos son más inteligentes.

En el neoliberalismo, el individuo es prirorizado por encima de la sociedad, la solidaridad es destruida conforme cada quien debe luchar exclusivamente por sí mismo y por su familia inmediata. Y es por eso que la tecnociencia que se produce ene el neoliberalismo también privilegia lo individual por encima de lo social. En ningún otro campo es más claro esto que en los enromes avances que se han hecho en las últimas décadas en el conocimiento biológico y médico. Existen técnicas verdaderamente exquisitas para estudiar el funcionamiento y las fallas de células individuales, para estudiar su bioquímica, genética y desarrollo. A partir de este conocimiento, la medicina molecular genera nuevos fármacos, desarrollados por la industria farmacéutica obteniendo ganancias inmensas, fármacos que ayudan a prolongar la vida de unos pocos pero ignoran la salud y las necesidades de la mayoría.

Por ejemplo, hoy en día en un país muy rico como Gran Bretaña, la fertilización in vitro está disponible para parejas que no pueden concebir, y los embriones pueden ser revisados para escoger solamente a los “mejores”, eliminando aquéllos que portan genes dañinos. Las técnicas de manipulción genética están empezando a estar disponibles. La medicina de lata tecnología trabaja heroicamente para mantener con vida a los bebés débiles o enfermos. Sin embargo, la tasa de mortalidad perinatal –el número de bebés que mueren antes de cumplir un año de vida- es hasta cinco veces más alta en nuestras ciudades pobres comparadas con nuestras ciudades ricas. De manera similar las tasas de infertilidad son altas, y quizá incluso de están incrementando, y sin embargo, en comparación con el enorme gasto que se hace en fertilización in vitro, existe muy poca investigación acerca de las causas –biológicas y sociales- de la infertilidad.

A los niños que nacen y crecen en la pobreza y el hambre les va peor en la escuela que a sus compañeros en mejores condiciones. Los investigadores miden sus cerebros para descubrir que están menos bien desarrollados. Ignorando que la pobreza y la inequidad se están incrementando, los investigadores afirman que esto se debe a descuido o abuso parental, el cual deja marcas permanentes en el cerebro en desarrollo del bebé; así se ofrecen programas de “intervención focalizada” orientados a los padres y los niños. Sin embargo, se yerra al no plantear la pregunta obvia acerca de cómo puede permitirse que exista tanta pobreza un una sociedad tan rica.

Lo que estos ejemplos enseñan es que las prioridades de la investigación médica y biológica están orientadas hacia las soluciones individuales, no hacia la salud de la población. Esto no es “culpa” de los investigadores individuales, sino que es intrínseco al funcionamiento de la economía neoliberal. He escogido ejemplos de los campos de investigación que conozco mejor, pero podrían multiplicarse muchas veces. Vivimos en una sociedad cuyas prioridades –científicas y sociales- se han vuelto disfuncionales. ¿deberían gastarse millones de dólares, libras y euros en aceleradores de partículas gigantes para captar las partículas fundamentales del universo o para mandar misiones espaciales a los planteas y viajes de turismo espacial para los super ricos? Los avances tecnológicos diseñados para cumplir los deseos del capital global, del 1% de los super-ricos, ignoran o incluso dañan las necesidades e intereses del resto de nosotros, el 99% , degradando el ambiente, agotando los recursos naturales, acelerando el cambio climático y, quizá por encima de todo, produciendo pobreza e inequidad.

Existe por supuesto otra forma, aunque quizá se a difícil vislumbrarla en los tiempos difíciles de la presente década. Para volver a las palabras del manifiesto que nos convocó, ¿Cómo podemos trabajar hacia hacer una ciencia y tecnología que “representen la única y seria oportunidad para la construcción de un mundo más justo y racional”? Las tecnociencias tienen principio la habilidad de reemplazar los combustibles contaminantes que nos han costado tantas vidas con energía barata, renovable; tienen la capacidad de eliminar los montones acumulados de plástico no degradable que asfixia nuestros ríos y océanos y matan pájaros y peces; tienen la capacidad de dar soporte a iniciativas d salud pública que, para citar a la Organización Mundial de la Salud, añadirían ‘años de vida y vida a los años’; tiene la capacidad de combatir las enfermedades que surgen con la pobreza; de enriquecer nuestra comprensión de qué significa ser humano. En pocas palabras, pueden ayudarnos a construir un mundo hermoso.

Pero estos cambios no surgirán mientras el poder hegemónico del capital global persista. Ustedes, los zapatistas, son parte dela lucha global para cambiar el mundo, y por eso, yo los saludo.

But such changes will not come about while the hegemonic power of global capital persists. You, Zapatistas, are part of the global struggle to change the world, and for that, I salute you.

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