¿QUÉ HACEMOS DESDE LAS CIENCIAS CUANDO LA LONGITUD DEL INTERVALO COMPRENDIDO ENTRE LA LÍNEA DE FLOTACIÓN Y LA CUBIERTA TIENDE A CERO?

¿QUÉ HACEMOS DESDE LAS CIENCIAS CUANDO LA LONGITUD DEL INTERVALO COMPRENDIDO ENTRE LA LÍNEA DE FLOTACIÓN Y LA CUBIERTA TIENDE A CERO?

  1. El muro y la tormenta

En el 2003 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a través de un cuento de Durito, comenzó a describir el mundo actual con la imagen de un muro:

Dice Durito que los poderosos han hecho plano el mundo. Que a fuerza de guerras, de muerte y destrucción, lo han ido achatando hasta quitarle su redondez. Y no sólo-, dice Durito, ya achatado, los poderosos han colocado el mundo como si fuera una pared que divide a unos de otros. Pero no es una pared así como las conocemos, no. Es una pared acostada. O sea que no sólo hay un lado y otro lado, sino que hay un arriba y un abajo. Dice Durito que del lado de arriba del muro, viven los poderosos en impresionantes palacios, con autos lujosos, grandes jardines, piscinas, altos edificios. Dice Durito que allá arriba hay mucho espacio y poca gente. Pocos, muy pocos. Del lado de abajo del muro, dice Durito, vive la gente muy así, muy común y corriente, habita en casas humildes, amontonadas unas encima de las otras, el aire está como sucio, igual el agua. Acá abajo hay poco espacio y mucha gente. Muchos, muy muchos. Dice Durito que el muro y lo que está arriba pesan mucho, y que, entonces, los que están abajo se inconforman, murmuran, conspiran. Dice Durito que, además, el gran peso ha provocado que se haga una gran grieta en el muro. Dice Durito que el Neoliberalismo trata de resanar el muro y que la pasta que usa es la clase política. Dice Durito que la rebeldía en el mundo es como una grieta en un muro: No pretende asomarse al otro lado, ni mucho menos pasar allá, sino lo que quiere es debilitar el muro de tal forma que acabe por desmoronarse, y, así, no haya ni uno ni otro lado, ni un arriba ni un abajo” (Durito y una de grietas y grafitis, abril de 2003).

Una década después los zapatistas comenzaron a hablar de la profundización de la barbarie capitalista a través del recrudecimiento de los procesos de despojo, explotación, desprecio y represión. Vivimos una tormenta, nos dijeron, que arrecia contra todos en todas partes. También señalaron que para hacer frente a la tormenta “el sistema no busca construir techos para guarecerse sino más muros detrás de los cuales esconderse”. Así vivimos una “ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero”, pretendiendo “crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí” (Los muros arriba, las grietas abajo (y a la izquierda), 14 de febrero 2017).

Como parte de esta reflexión hablaron del papel de los científicos como resanadores del muro: “La especialista tal-cual, cuya virtud es ser de otro país, declara, con mirada trascendente, que la composición molecular de la materia que le da al muro su corporeidad es tal que ni con una bomba atómica y que, por lo tanto, lo que hace el zapatismo es completamente improductivo y termina por ser cómplice del muro en sí (ya en off, la especialista le ha pedido a quien la entrevista que mencione su único libro, a ver si así se vende). Sigue el desfile de especialistas. La conclusión es unánime: es un esfuerzo inútil, así nunca derribarán el muro” (El muro y la grieta, 3 mayo 2015).

Pero no sólo, los zapatistas señalaron también la posibilidad de contribuir, desde la ciencia, en las grietas del muro para la construcción de un mundo mejor, porque éstas “tienen la posibilidad de reconstruir sobre la catástrofe que ya opera en todo el territorio mundial. Y no hablo de reconstruir en el sentido de retomar lo caído y armarlo de nuevo, a imagen y semejanza de su versión antes de la desgracia. Hablo de rehacer, es decir, hacer de nuevo. Y los conocimientos científicos pueden entonces reorientar la desesperación y darle su sentido real, es decir, dejar de esperar. Y quien deja de esperar, podría empezar a actuar” (Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo, febrero 2016).

Así, los zapatistas nos invitan en diciembre del 2017 al Segundo Encuentro Los zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad, a reflexionar sobre las “Ciencias frente al muro”. Sirva el siguiente texto como una forma de contribuir desde nuestras disciplinas a esta discusión que nos proponen los pueblos zapatistas.

***

El sistema capitalista, en su insaciable afán de ganancia, ha declarado una guerra a la humanidad. Aunque nació y se reproduce “chorreando sangre”, las formas de explotación, represión, dominación y despojo han ido cambiando. Los compañeros zapatistas describen así el actual proceso de acumulación: “El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías. Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente” (Los muros arriba, las grietas abajo (y a la izquierda), 14 de febrero 2017).

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital… No, todas las desgracias son la esencia del sistema.” (Los muros arriba, las grietas abajo (y a la izquierda), 14 de febrero 2017). La tormenta es la esencia del Capital, por tanto dentro del sistema no hay solución posible. Y de esta tormenta nadie está a salvo.

Pero, al menos dentro de la comunidad científica, todo parece indicar que padecemos lo que los compañeros del sureste mexicano han llamado ‘el síndrome del vigía’. ¿Creemos que las señales que observamos día a día son parte de la normalidad o, muy en el fondo, hacemos como que no pasa nada porque deseamos que no pase nada? ¿O será que se trata de pensar la tormenta como algo que ocurrirá por fuera de la burbuja de aparente normalidad? ¿Tienen algo que decir las ciencias y los trabajadores de las ciencias respecto a esta tormenta?

  1. La tormenta en y desde las ciencias

Para nosotr@s hay señales muy evidentes de la tormenta, señalaremos unas cuantas que de manera directa o indirecta atañen a la comunidad científica. Pensamos que es necesario reflexionar sobre éstas y otras señales de la tormenta de cara al segundo encuentro ConCiencias por la Humanidad con el tema “Las ciencias frente al muro” que se realizará en diciembre en San Cristóbal de las Casas.

Nube de tormenta 1.

Las universidades públicas de Morelos, Zacatecas, Estado de México, Nayarit, Tabasco, Oaxaca y Michoacán -que atienden en conjunto a alrededor de 200,000 estudiantes y en las que laboran alrededor de 26 mil trabajadores- están a un paso de la quiebra. (Actualmente existen en México alrededor de 5,343 universidades con una población estudiantil de 3.65 millones, de las cuales 2,180 son públicas y 3,163 privadas).

Según las autoridades federales las causas de este quebranto son: la crisis económica derivada de la reducción del presupuesto, contratación de personal sin límites, pero sobre todo un sistema de pensiones insostenible.

A pesar de que se habían comprometido a darles apoyo, en fechas recientes las autoridades de la SEP les notificaron que el gobierno federal no podría ‘“otorgar a la institución académica el apoyo financiero que solicitó para concluir los pagos para este año’’ por la situación de emergencia derivada de los sismos del pasado 7 y 19 de septiembre. Por si fuera poco, apenas hace unos días, el subsecretario de Educación Superior en México declaraba que no se entregarían más recursos a las universidades en crisis, y que le correspondía a éstas tomar las medidas administrativas para “corregir su déficit”, en esencia la SEP demanda un “ajuste estructural”.

La terapia del shock, ni más ni menos. En su texto La Doctrina del Shock, Naomi Klein narra cómo la destrucción de la ciudad de Nueva Orleans por el huracán Katrina abrió al sistema capitalista neoliberal la oportunidad de reformar el sistema de educación. Narra Klein:

Milton Friedman fue uno de los que vio oportunidades en las aguas que inundaban Nueva Orleans. Gran gurú del movimiento en favor del capitalismo de libre mercado fue el responsable de crear la hoja de ruta de la economía global, contemporánea e hipermóvil en la que hoy vivimos. A sus noventa y tres años, y a pesar de su delicado estado de salud, el «tío Miltie», como le llamaban sus seguidores, tuvo fuerzas para escribir un artículo de opinión en The Wall Street Journal tres meses después de que los diques se rompieran: «La mayor parte de las escuelas de Nueva Orleans están en ruinas —observó Friedman—, al igual que los hogares de los alumnos que asistían a clase. Los niños se ven obligados a ir a escuelas de otras zonas, y esto es una tragedia. También es una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo»

Estos ataques organizados contra las instituciones y bienes públicos, siempre después de acontecimientos de carácter catastrófico, declarándolos al mismo tiempo atractivas oportunidades de mercado, reciben un nombre en este libro: «capitalismo del desastre».

Durante más de tres décadas, Friedman y sus poderosos seguidores habían perfeccionado precisamente la misma estrategia: esperar a que se produjera una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperaban del trauma, para rápidamente lograr que las «reformas» fueran permanentes.”1

En nuestro país, como en el resto del mundo, los capataces locales han seguido al pie de la letra las instrucciones del capital financiero internacional, el verdadero mandón, para realizar las llamadas reformas estructurales que despojan a los Estados Nacionales (o lo que queda de ellos) de todo lo que no tenga que ver con la defensa del capital y del libre mercado, es decir, los servicios estatales para la población. Es ilustrativa la concepción de estado de Friedman: «protección de nuestras libertades, contra los enemigos del exterior y los del interior: defender la ley y el orden, garantizar los contratos privados y crear el marco para mercados competitivos».2

Una de esas reformas es la que se refiere a la privatización de la educación y otra es la referente a las pensiones y jubilaciones de los trabajadores. Eso es lo que está detrás de la ‘quiebra’ de las instituciones públicas de educación superior. Claro, está la opción de pensar que estas 7 universidades son casos aislados, que de ninguna manera tiene que ver con un patrón general. Pero si esperamos a que el futuro nos alcance y veamos que es la destrucción de las bases materiales del Estado Nacional lo que ocasiona y seguirá ocasionando que la crisis de la educación superior se generalice, tal vez el trago sea aún más amargo. Esta nube ¿no está trayendo ya a la tormenta directamente al interior de las ciencias?

Nube de tormenta 2. Los problemas del capital con la Geofísica

Tras los sismos de septiembre de 2017 en territorio nacional, científicos del Centro Nacional de Prevención de Desastres y de la Universidad Nacional Autónoma de México, presentaron un mapa del subsuelo de la ciudad de México. El “análisis de vulnerabilidad física a la subsidencia, hundimiento y agrietamiento en la ciudad de México” fue publicado el 20 de octubre pasado y se encuentra libre y a disposición de todos en la página electrónica del atlas nacional de riesgos. En particular para la ciudad de México, es posible ubicar las fracturas y sitios de hundimiento de todas las colonias. Calle por calle se puede saber qué tan vulnerable es un lugar al fracturamiento, así como las zonas sísmicas a partir del relieve y la respuesta a sismos. Investigadores del Instituto de geofísica de la UNAM y del CENAPRED, recomendaron que las zonas con mayor riesgo deberían estar marcadas y evitar que se construya ahí, que cada edificio indique año de construcción y en qué zona sísmica se encuentra y que cada persona sepa qué hacer en caso de sismo según el lugar donde se encuentre. Además, los recientes hallazgos de fallas y fracturas en la ciudad deben de ser estudiados a detalle ya que son procesos dinámicos, por lo que se recomienda al jefe de gobierno de la ciudad, destinar 100 millones de pesos para instalar una red de monitoreo profundo de estas fracturas.

Al decidir vivir en la CdMx tenemos que convivir con gran diversidad de suelos que requieren un conocimiento adecuado. Los hay duros, de transición y blandos que se pueden hundir y crear agrietamientos. No deberíamos estar en un sitio con estas características, pero ya estamos aquí, y por esa razón fue financiado este proyecto, se debe conocer y se debe ser responsables con esa información” (Dr. Carlos Valdés González, 20 octubre 2017).

Al siguiente día hábil de la publicación del mapa, Miguel Ángel Mancera, visiblemente molesto declaró ante preguntas de la prensa:

Me parece que es lamentable que hayan hecho un estudio sin la ciudad de México. Tengo absoluto desconocimiento de qué estudio se refieren y es todavía más lamentable que se hable de inversión, cuando en este gobierno no han invertido un peso. Antes de hacer recomendaciones, vamos a ponernos de acuerdo y vamos a ver de qué se trata” (Miguel Ángel Mancera, 23 de octubre 2017).

Ante la tragedia, estamos ante un caso en que los científicos se enfrentan directamente con el gobierno que por supuesto representa a las empresas inmobiliarias, éste es un ejemplo donde la ciencia, buscándolo o no, le declara la guerra al capital, en particular al capital financiero, que respalda al poder inmobiliario. Y no es trivial, no es poca cosa. Recordemos la crisis económica de 2008 cuando la burbuja inmobiliaria paralizó la economía de Estados Unidos y afectó al mundo entero, se declaró en quiebra Lehman Brothers y miles de personas lo perdieron todo, sus ahorros, sus propiedades. El poder inmobiliario se notó cuando todo se cayó.

¿Qué escenario tendrá una ciudad de México en total control de inmobiliarias? Ya estamos viendo algunas consecuencias tras los sismos: la rapiña de los corporativos para construir sobre los edificios derrumbados el pasado 19 de septiembre. Al día siguiente del sismo compraron dictámenes a modo de sus construcciones y asechan colonias como la Condesa e Hipódromo para “reconstruir”. La comisión de reconstrucción de la ciudad de México incluye los intereses de las inmobiliarias y no tiene siquiera la voz de las miles de familias afectadas; las demoliciones en la delegación Benito Juárez tienen “el apoyo gratuito” de las inmobiliarias, y la ley de reconstrucción pretende reducir a eternos deudores a quienes lo perdieron todo, ofreciendo un crédito para que reconstruyan sus viviendas. Lo ha denunciado la Coordinación General de Damnificados de la Ciudad de México y preguntan “¿dónde está el dinero de las donaciones mundiales?” y con su rabia sentencian ante el futuro que se avizora: “Moriremos enterrados bajo los escombros de su maldita corrupción”.

¿Qué hacer como científicos ante este claro ejemplo de la tormenta?

Cabe aclarar lo siguiente: Las zonas sísmicas, la protección civil y el reglamento de construcción se desarrollaron en la ciudad de México a partir del sismo de 1985, la ciencia y la técnica tienen un papel vital para entender el territorio; construir en consecuencia y evitar tragedias es posible con la prevención y los recursos científicos, lograr que ni una sola persona muera ante estos eventos naturales es el reto.

Los sismos no se pueden predecir, son producto de la dinámica del interior terrestre, la actividad humana nada tiene que ver con su ocurrencia. Pero sí es posible que un fenómeno natural no se convierta en desastre. Este reto lo debemos de afrontar en colectivo, con toma de conciencia y decisión, utilizando estas herramientas científicas para resguardar y garantizar la vida.

Nube de tormenta 3. La crisis socioambiental y la fecha de caducidad para la vida humana en la Tierra: 600 años.

Desde 1992 científicos de todo el mundo advirtieron que la vida en nuestro planeta corría riesgo ante las evidencias de cambios atmosféricos a causa de la actividad humana en los últimos 100 años.

Los debates sobre el cambio climático global entre científicos, gobiernos y empresas en el rubro de hidrocarburos, llevan casi dos décadas y cada día se hacen patentes las consecuencias en todo el planeta: Mayor frecuencia de huracanes categoría 5, ocurrencia y cambio en las trayectorias de los huracanes, grandes sequías e inundaciones, aumento de la temperatura de los océanos, variación del clima en grandes regiones, exposición a metales pesados diminutos que respiramos en las grandes ciudades.

De acuerdo con un estudio realizado por el Centro de Resiliencia, perteneciente a la Universidad de Estocolmo (2009), existen al menos 7 fronteras en los movimientos de materia y energía en el planeta que no deberían ser cruzadas, pues pondrían en riesgo la sobrevivencia de la humanidad. De éstas, tres, la tasa de extinción de especies, el calentamiento global y la dislocación del ciclo del nitrógeno, ya habían sido cruzadas en el año 2009 y se hallaban cerca del punto de “no retorno”, que significaría una degradación irreversible del planeta.

En el caso del calentamiento global, se supone que una concentración de CO2 en la atmósfera superior a 350 partes por millón desencadenaría tasas de retroalimentación positiva que pueden ocasionar incrementos en la temperatura media del orden de 6º C, alterando la distribución de la vegetación y haciendo inviables los ecosistemas actuales en la mayor parte del planeta. La humanidad, que ha dependido desde hace 10 mil años de esos ecosistemas, estaría en riesgo inminente. La concentración actual de CO2 reportada en algunas partes del globo, ya supera las 400 partes por millón3.

En el caso de la pérdida de biodiversidad, diversos estudios han confirmado que la tasa actual de extinción de especies supera por mucho el nivel promedio de extinción que se presenta en épocas normales. De seguir extinguiéndose especies que en la actualidad están en peligro, enfrentamos la posibilidad real de que el capitalismo ocasione la 6a extinción masiva en la historia de la Tierra. Hace muchos años, Carl Sagan calificó la conquista de América como el mayor desastre ecológico desde la caída del meteorito que ocasionó la desaparición de los dinosaurios; y se ve que no andaba perdido.

A inicios del siglo XX el proceso industrial denominado Haber-Bosch permitió por primera vez la síntesis de amoníaco a partir del nitrógeno atmosférico (que es inerte); con ese amoníaco es posible elaborar desde fertilizantes hasta explosivos. La necesidad de fertilizantes es un producto del desarrollo capitalista, pues se vuelven necesarios en la medida en que la materia orgánica no regresa a los campos de cultivo, sino que termina en tiraderos de basura de las ciudades. Claro, la producción de amoníaco es muy contaminante y demanda mucha energía, pero además sólo el 50% del nitrógeno en los fertilizantes es absorbido por las plantas, el resto o se evapora como gases de efecto invernadero (óxidos de nitrógeno) o se escurre a los cuerpos de agua dulce contaminándolos y haciéndolos no aptos para consumo humano. La estimación del grupo de Estocolmo es que en la actualidad se extraen de la atmósfera 135 millones de toneladas anuales de nitrógeno, 4 veces más de lo que el planeta puede soportar sin poner en riesgo la vida sobre la tierra.

En abril de 2016, Stephen Hawking anunció el inicio de un ambicioso proyecto para desarrollar nueva tecnología que permita llegar a la estrella más cercana “Alfa Centauri” en tan sólo 20 años, a través de naves espaciales de tamaño nanométrico que viajen en un haz de luz (con las naves espaciales actuales, tardaríamos 30 mil años en llegar). Dicha tecnología revolucionaría los viajes espaciales y permitiría viajes a distancias lejanas.

No, no es ciencia ficción.

Para Hawking existen dos retos globales que enfrentamos como humanidad: la extrema pobreza, determinada por la injusticia y la desigualdad, y la amenaza por el cambio climático.

Basándose en el peor escenario, en noviembre 2016 ante estudiantes de Oxford, Hawking planteó que debemos abandonar el planeta lo más pronto posible, invertir en naves espaciales que lleven humanos lejos para buscar un nuevo hogar, pues la Tierra no durará más de 1000 años

Considerando el cambio climático global, la demanda energética y el gran crecimiento poblacional, sus cálculos recientes acercan dicho final: para el año 2600 la Tierra será una gran bola de fuego en la cual será imposible vivir. Hawking encomia a planificar el diseño y construcción de grandes naves espaciales para escapar y sobrevivir como especie.

Sabe bien que no todos podrían ir, pero plantea esa solución para que prevalezca la vida humana.

Reflexionemos un momento al respecto.

Existimos como especie Homo sapiens, desde hace entre 200 mil y 400 mil años aproximadamente, pues continúan investigaciones al respecto. La mayor diversidad genética humana se encuentra en África, de donde han ocurrido varias migraciones hacia el resto del planeta en los últimos 150 mil años. La historia de la humanidad ha pasado por diversas geografías y métodos productivos y económicos. El desarrollo del sistema capitalista generó la llamada Revolución Industrial, 1760 a 1840. Cuando se atribuye a la naturaleza humana o a la actividad humana la degradación ambiental, no se deben perder de vista tres hechos: que la historia del capitalismo es apenas un instante en la historia de la humanidad, que es durante ese instante que se han ocasionado las mayores perturbaciones ambientales y por último que el motor de esta degradación ambiental no ha sido el bienestar humano, sino la acumulación de capital.

¿Cuántos años tiene la humanidad viviendo bajo el sistema económico capitalista?

¿Hace cuántos años se ha modificado el clima debido a la “actividad humana”?

No va a ser con acciones individuales como podamos combatir dicha situación, no es sólo evitando el consumo de ciertos productos o reduciendo el gasto de agua o el uso de hidrocarburos. No sólo. Esta problemática va más allá y está estrictamente relacionada con el sistema económico en el que vivimos.

Es el sistema capitalista.

Volvamos a la advertencia de Hawking y reformulemos: En 600 años no será posible sobrevivir en nuestro planeta debido a la modificación climática que el sistema capitalista está generando.

Nosotros sabemos que escapar del planeta no es opción para todos, no será opción para todos. De seguir así, el capitalismo venderá la vida, la supervivencia, un lugar en esa nave espacial, como el objeto más preciado en el universo. No todos irán en el arca espacial.

Pareciera ciencia ficción, pero no lo es.

¿Prefieren al Stephen Hawking que habla sobre agujeros negros y lo maravilloso del cosmos?, ¿No gustan sus advertencias sobre el fin de la vida humana en la Tierra? ¿Les parece exagerado?

Tomemos el propio ejemplo de supervivencia de Hawking, su empeño ante la vida y tomemos en serio el futuro que predice. “Donde hay vida, hay esperanza”. Stephen Hawking

Estas advertencias son genuinas y son un aspecto más de la tormenta.

Nube de tormenta 4. La investigación como vehículo para generar ganancias

La carrera tecnológica por generar nuevos bienes de capital científico y nuevos instrumentos adecuados para la investigación científica lleva a los académicos de centros de investigación, universidades e institutos de ciencias a una presión y estrés continuos por la investigación e innovación. No es casual que, por ejemplo, en el Instituto de Física de la UNAM se estudien teórica y experimentalmente nanotubos, nanomateriales, cristalografía, películas ultradelgadas, cómputo cuántico, etc. Son, en última instancia, líneas de investigación que innovarán al gran capital tecnológico, y que se deciden a partir de la perenne búsqueda de capital a través de la incesante revolución tecnológica.

Desde hace al menos 15 años, en institutos y centros de investigación de la UNAM, surgieron las “Unidades de Vinculación” cuya misión es incrementar las oportunidades de vinculación entre los institutos y el sector privado, así como con otras instituciones del Sistema Nacional de Innovación, y comercializar los conocimientos generados por sus académicos y técnicos4.

De manera que no sólo pone a la venta el conocimiento generado sino los procesos, técnicas e infraestructura que por más de 50 años se han desarrollado con recursos públicos. Hoy día, a través de esta “vinculación” se pueden “usar los laboratorios”5. Por ejemplo, el Laboratorio Central de Microscopía tiene como uno de los servicios al público realizar análisis de materiales por microscopía electrónica, películas delgadas, detección de nanopartículas y más técnicas avanzadas. La cotización depende del material, tipo de muestra y estudios a realizar. Además, existen instituciones y empresas vinculadas permanentemente a este laboratorio, donde destacan algunas farmacéuticas internacionales6.

Esta tendencia de vinculación e innovación que a México ha llegado recientemente, en otros laboratorios y centros de investigación de frontera es lo normal. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) muestra en su sitio de internet a cada centro y laboratorio con sus patrocinadores y patrones, sí, los nombran patrones literalmente; grandes corporaciones, empresas de tecnología y bancos están en la lista de quienes invierten en investigación7.

Esta lógica, ha llevado a los investigadores, doctorantes o postdoctorantes, a seguir líneas de investigación impuestas. A realizar trabajo para algo que en principio no se muestra. A generar productos y mercancías teóricas, como si se tratase de un obrero en una banda de producción, tal y como lo estipuló en su momento el fordismo.

Es cierto, el Muro no nos deja ver qué es lo que está detrás, pero tampoco nos deja ver la tormenta que estamos viviendo en carne propia.

Cada vez es más común que los científicos trabajen de manera enajenada, que inviertan cantidades excesivas de tiempo de trabajo en proyectos de investigación, que la competencia entre ellos sea más despiadada. Que el número de plazas, definitividades, estímulos, etc., sean cada vez más peleados. Como si se tratase, no de científicos, sino de bestias compitiendo por alimento.

Este aspecto de la tormenta, a veces no es visible, o no aceptamos que es tal. Pensamos con ingenuidad que así se hace la ciencia. Que gracias a todo eso es que disfrutamos de las comodidades de la tecnología, justificamos un modo de hacer ciencia como el único modo posible. Se parece sospechosamente a lo que antes se llamaba ideología dominante.

El Muro también cumple la función de no dejarnos ver entre nosotros, como científicos, cómo es que sufrimos la explotación, el desprecio, el despojo y la represión.

Y no nos deja ver, porque nos hace pensar que estamos haciendo lo correcto y que los científicos no son explotados.

Nunca se podrá comparar el sueldo de un físico de partículas o un astrofísico “SNI 20” con las ganancias que adquiere el capitalismo a partir del conocimiento que genera –a pesar de que sean múltiples las mediaciones que oculten la relación entre conocimiento y ganancias-, veamos un ejemplo:

AT&T genera ganancias por arriba de los 3,900 millones de dólares8, y el sueldo de un físico de partículas, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, en los lugares mejor pagados del mundo como Kentucky, en Estados Unidos, es de 139,810 dólares al año. Estamos hablando de que la compañía gana 27,201 veces más que el investigador. Esto sin tomar en cuenta que los beneficiarios de la investigación científica son cientos o miles de empresas. Por lo que la explotación científica resulta ser abismal.

Ahora compare lo que usted como científico gana en relación con la multinacional que se está haciendo rica con su investigación. Pero resulta que hacer esta comparación es difícil, porque la propia fragmentación producida por el sistema hace que sea muy difícil ver lo que está al final de la línea de producción que inicia con el desarrollo de una investigación teórica y termina con la producción de mercancías en otro lugar del mundo.

  1. Las falsas salidas que ofrece el sistema

Entre las críticas posmodernas a la crisis social y ambiental, es cada vez más común escuchar la acusación de que la causa de esta crisis es el antropocentrismo, es decir, que el problema es que el desarrollo de las sociedades ha sido “antropocéntrico”. Particularmente en el terreno de la conservación de la naturaleza se ha atribuido la destrucción a un desarrollo que “solo se preocuparía por los seres humanos”, ¿en verdad ocurre esto?

Veamos un ejemplo sencillo, a unos kilómetros de aquí. Según información recabada de Grieta9, tan solo en los Estados de Hidalgo y Durango hoy en día hay un total de 100 mil niños trabajando en “ocupaciones no permitidas” (según la clasificación del INEGI), de los cuales casi 70,000 trabajan en condiciones suficientemente inhumanas para que el propio INEGI clasifique sus actividades como “peligrosas”. Ojo, son cifras oficiales. ¿Puede alguien llamar, sin ruborizarse, “antropocéntrico” a un sistema que deja a la humanidad en el último escalón de sus prioridades?

La trampa del antropocentrismo radica en atribuir a la humanidad como un todo, la causa de la destrucción del planeta. Este tipo de discursos, que suelen aparejar a las ciencias o al conocimiento científico como un elemento más de ese supuesto antropocentrismo, suelen omitir al menos dos grandes elementos.

Uno, que es la humanidad en sí misma la que es puesta en riesgo, no por la acción de seres humanos en abstracto, sino por las consecuencias sociales, económicas y ambientales de un sistema que tiene como centro de su acción, la acumulación de capital, pare ello construye medios de explotación y despojo. Y esa acumulación no es en pos del bienestar de la humanidad, es, en más de un sentido, un objetivo que se persigue en sí mismo, por parte de los capitalistas. Claro, pero es más cómodo atribuir al antropos la crisis para así ocultar la causa, que es el sistema, sólo que la inmensa mayoría de la humanidad no sólo no se benficia de la destrucción del planeta realizada por el capitalismo, sino que es precisamente su principal víctima.

El segundo elemento que suele omitir la crítica al supuesto antropocentrismo es el de la historia. Si bien a lo largo de su historia la humanidad ha alterado al planeta –porque la única forma de existir para los seres humanos es relacionándonos con la naturaleza para re-producir nuestra vida-, el modo en que el planeta es destruido actualmente no ha existido siempre y no existirá siempre. Si hoy la magnitud y el sentido de la alteración ambiental no son decididos por la mayoría, la pregunta que se abre es si el conocimiento científico puede y de qué manera, ayudarnos a transformar el mundo.

Frente a la atractiva salida de abandonar la ciencia y abrazar el pensamiento mágico o las modas pseudocientíficas como el movimiento antivacunación, se hace necesario recuperar desde abajo la práctica y el pensamiento científicos. Pero eso requiere a su vez asumir que las ciencias no se encuentran al margen del sistema o que su naturaleza las mantiene o mantendrá a salvo; ya hemos señalado cómo ya se están viendo los primeros síntomas de que, al menos en México, la tormenta ya está llegando a los laboratorios y cubículos de las universidades.

Las nubes de tormenta que hemos abordado no son las únicas que se ven en el horizonte próximo. Hay más. Pero lo que nos interesa señalar son de alguna manera los “rumbos” de esas nubes de tormenta. La tormenta se manifiesta de diferentes maneras dentro de las ciencias, amenazando con hundir su actividad. La tormenta está también en la definición de qué parte del conocimiento científico le estorba al capital. Pero también queremos subrayar que las ciencias pueden ayudar a comprender la naturaleza de la tormenta y con ello, ayudar a sobrevivir a ella.

  1. Las ciencias frente al muro

Si algo tienen en común las explicaciones que plantean que el problema es la corrupción, o que la solución al desastre biogeoquímico está en que cada quien ahorre un poquito de agua, o la búsqueda de refugio en las sectas pseudocientíficas o de pensamiento mágico, no es sólo su falla para caracterizar la causa de la crisis. Todos estos planteamientos tienen en común un grado importante de individualismo, compartido hasta cierto punto con la idea de que un día la ciencia pura descenderá de su torre de marfil y salvará el día como en una película de Hollywood.

Nosotros pensamos que la respuesta tendrá que ser colectiva. Que para enfrentar el muro del capital –como impedimento para pensar que el mundo puede ser de otro modo- hace falta la acción colectiva.

Y esa acción colectiva requiere del conocimiento científico. No podemos prescindir de él, porque para resolver los problemas que el capitalismo ha traído no basta con invocar el saber ancestral. Y esto es así por una razón: el mundo está cambiando –para mal- a una velocidad, a una escala y de maneras que nunca se habían visto en la historia. Entonces necesitamos de las herramientas que la ciencia nos pueda dar. Esto está lejos de la neutralidad, nos interesa el conocimiento científico y reivindicar la práctica científica porque queremos destruir el capitalismo; podremos destruir el capitalismo en la medida en que contemos con lo mejor del conocimiento que los trabajadores de la ciencia han generado.

Decir esto no resuelve los por qués, los cómos, las maneras en las que la ciencia podría transformar y transformarse. Si acaso, sirve para plantear una heurística positiva, para definir aquello sobre lo que nos interesa indagar y hacer.

¿Cómo ven la tormenta desde su entorno los trabajadores de la ciencia?

¿Cuáles son los rasgos de la tormenta que las ciencias permiten ver-estudiar-comprender-transformar, en su actividad y en el pedazo del mundo que estudian?

¿Cómo podemos construir una práctica científica que nos ayude a sobrevivir a la tormenta y agrietar los muros del capital?

Creemos que a través del Segundo Encuentro ConCiencias por la Humanidad con el tema “Las ciencias frente al Muro”, los compañeros zapatistas nos ofrecen un espacio para reflexionar sobre éstas y otras cuestiones, que nos ayuden como científicos a ubicar las señales de la tormenta en nuestro propio quehacer, buscar alternativas a éstas y definir nuestro trabajo científico frente a los muros del capital.

1 Klein, Naomi. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós. Argentina. 2008

2 Ibidem

3 https://www.co2.earth/

5 http://www.fisica.unam.mx/atencion_usuarios_vinculacion.php

6 http://laboratorios.fisica.unam.mx/instituciones?id=12

7 http://cisr.mit.edu/community/our-sponsors-and-patrons/ https://www.media.mit.edu/sponsors/sponsors.pdf

8https://www.eleconomista.com.mx/mercados/Ganancias-de-ATT-suben-14.7-en-el-2T-20170725-0153.html

9 http://www.grieta.org.mx/index.php/2017/05/30/hidalgo-y-durango-destacan-por-explotacion-laboral-infantil/

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